La permanencia de los libros impresos y su relación con la encuadernación artesanal
Con la influencia actual de las tecnologías de la información y de la creciente diversidad textual, es importante contar con espacios académicos en los que se reconozcan las características materiales de los impresos, las posibilidades de su producción y los retos frente a la gestión de las colecciones, reflexionando sobre la vigencia del oficio de bibliotecarios, encuadernadores, libreros y editores, quienes siguen siendo vitales para la gestión y preservación de la memoria y la transmisión de la cultura.
Según la Cámara Colombiana del Libro, en los últimos años, la publicación de libros impresos duplica la de los libros digitales. El libro impreso continúa siendo un medio imprescindible de difusión de las ideas, una estrategia precisa de comunicación y formación. Por esta razón, subsisten editoriales que no solo se limitan a tener una oferta de títulos de calidad, sino que también se preocupan en que sus libros sean objetos bien hechos.
Editoriales como Aldus, La Dïéresis o Almadía en México, las famosas editoriales Tragaluz, de Medellín, o La Silueta, de Bogotá, por mencionar algunas; publican sus libros con sumo cuidado en los detalles, recuperando los colofones, las marcas de agua o los juegos tipográficos. Se esfuerzan por evitar el mal gusto, los gazapos y la mediocridad. Hacen que sus libros posean características de un objeto artístico, bellamente concebidos, mostrando un gran respeto por el oficio, tomando a veces decisiones riesgosas en un negocio difícil. Por ejemplo, la editorial chilena ‘UV’, utiliza la llamada ‘encuadernación a la vista’ para sus productos, cuya principal característica es que presentan el lomo desnudo, con las costuras visibles; un tipo de encuadernación muy polémica, ya que no permite la identificación temática en los estantes de las bibliotecas.
Estas editoriales se percataron de que un diseño notable y cuidado de sus productos, es una marca de calidad que los buenos lectores saben apreciar, y que los medios digitales están lejos de alcanzar. Por eso, a pesar de las muchas voces que predicen la desaparición del libro impreso, es necesario proponer espacios de acción y reflexión sobre las formas tradicionales de hacer libros.
Puede pensarse que se está defendiendo de manera pretenciosa al libro culto, un objeto de goce estético propio de minorías intelectuales, dejando a los medios digitales la extendida ‘lectura popular’; puede ser que el libro impreso de manera artesanal sea una franja bastante reducida del mercado editorial y, en general, del consumo de lecturas; pero los libros impresos creados con esmero están más cerca del aprendizaje, de la búsqueda de entendimiento como una iniciativa que mueve al lector más desde el placer y el goce, que desde la obligación. Este tipo de productos editoriales representan una evidencia viva de la identidad cultural y de las capacidades editoriales locales, son un reflejo sincero del carácter perdurable de la cultura impresa y del compromiso de muchas personas por la continuidad de los buenos libros y de las experiencias generadas al leerlos.
Es claro que los soportes digitales no ofrecen una experiencia de lectura tan profunda como la que ofrece el papel; tan es así, que los editores producen ediciones en las que la apariencia es igual de importante al contenido en el momento de ofrecerlo a un potencial comprador, y desde esta certeza, han sabido adaptar sus productos a mercados antes impensables (un buen ejemplo es la creciente demanda de libros de novela gráfica, cuyo estatus ya no es el de literatura menor).
Todo esto sugiere la permanencia de este tipo de ediciones durante mucho tiempo, y por lo que se explica el creciente número de personas interesadas en explorar el mundo de la edición independiente, un oficio que está más cerca de la pasión que de la rentabilidad, y donde la encuadernación artesanal toma un lugar de crucial importancia, porque se trata de recuperar los pequeños tirajes, el esmero en la presentación y el diseño, y la calidad de las cosas que están hechas con las manos.
Por supuesto, la permanencia de los libros impresos y de sus lectores, también son una oportunidad para la continuidad de las librerías y bibliotecas, encargadas de la difusión de la lectura y la conservación de la memoria, y donde se venden o difunden publicaciones de este tipo, recuperando texturas y contenidos difícilmente divulgados en las grandes industrias, haciendo frente a lo que Vargas Llosa llamó la “frivolización” de la cultura multimedia, que a pesar de ser fabulosamente entretenida, contrasta con la lectura profunda propia de la tradición literaria impresa (CNN México, 2013).
Por esta razón, el Taller Armo libros, me libro de armas. Fundamentos prácticos de la encuadernación es una excelente oportunidad para acercar al público al oficio de la encuadernación, propiciando aproximaciones conceptuales, pero también, permitiendo el saber hacer desde la experiencia directa, para que cada participante pueda aprender haciendo, sin dejar de reflexionar.
Referencias
CNN México. (2013). El futuro del libro impreso, según Vargas Llosa. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=iRs0t2IKzYI
Fotografía: Balcells, O. (2008). Estela. Recuperado de https://www.flickr.com/photos/olayabalcells/2465674029
- Etiquetas: Cultura impresa, Edición artesanal, Encuadernación, Libreros
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Comentarios (3)
Jorge Ríos
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Maria Cecilia Toro L
Felicitaciones
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encuadernacion en chile
saludos
Nicolás
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